jueves, 1 de julio de 2010

Curación del paralítico - 01 /07. Mateo 9, 1-8.

Subiendo a la barca, pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: ¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados. Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: Este está blasfemando. Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: -¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate y anda"? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados dice entonces al paralítico: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.


Reflexión:


Hoy se repite millones de veces lo que nos presenta este evangelio: Cristo susurra, a quien tiene fe, su palabra de perdón. "Tus pecados te son perdonados": "Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo".

¿Y qué se necesita para conseguir el perdón de Dios? Acudir a Cristo. No tener miedo: donde hay un sacerdote que vive en la fe de la Iglesia, allí está Cristo. Sólo Dios puede perdonar los pecados. Y Dios ha querido que los apóstoles y sus sucesores recibiesen este poder de su misericordia. Hoy, como ayer, repiten el gran milagro de Cristo: el perdón.

Ante la grandeza del amor de Dios, me toca abrir el corazón y confiar: si Dios puede hacer que un paralítico ande, también puede perdonarme, incluso aquellas culpas que me pesan y me roen en lo más profundo de mi corazón. "En esto conoceremos que somos de la verdad, y tranquilizaremos nuestra conciencia ante Él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo".
P. Clemente González

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