
17/01/2016.
yo voy a la montaña...
Pues siento mucho contradecir a Mahoma pero cuando Aloña se pone la camiseta del Madrid,
Como que no me cae muy bien,
Osea que otro dia sera....QUE FRIO!!!!
OÑATI y un OÑATIARRA. "Hacer mucho ruido,no hace bien y, hacer mucho bien no hace ruido".





EL TONTO DEL PUEBLO.
“Un maestro Zen vio a cinco de sus discípulos volviendo del mercado en sus bicicletas. Cuando llegaron al monasterio y se bajaron, el maestro pregunto a los discípulos “¿Por qué estáis andando en bicicleta?”
Ha muerto una señora de 98 años que se llamaba Irena. Durante la Segunda Guerra mundial, Irena consiguió permiso para trabajar en el gueto de Varsovia, como especialista en cañerías y alcantarillas. Pero sus planes iban más allá....sabía cuales eran los planes de los nazis para los judíos (era alemana). Irena pasaba niños pequeños escondidos en el fondo de la caja de herramientas y llevaba un saco de xarpellera en la parte de atrás de la camioneta para los niños mas grandes.
Empezó a darse cuenta de que estaba viviendo con un montón de cosas que realmente no necesitaban y en un principio decidió no comprar nada más. Entonces se dio cuenta de lo infeliz que era con su trabajo e hizo la conexión entre este sentimiento y los síntomas físicos (dolor de espalda y enfermedades constante) que sentía, por lo que decidió tomar otros trabajos. Ella comenzó a lavar los platos por 10 Deutchmarks por hora, a pesar de que muchos decían cosas como "¿Fuiste a la universidad, y estudiaste para hacer esto?", Se sentía bien consigo misma, y ?? No tenía ganas de valorar más sus estudios que alguien que trabaja en una cocina. En 1995, el Tauschring había cambiado su vida tanto que ella estaba gastando casi nada, pareció encontrar su camino en su vida.
La principal característica de los días “míos” es que no suelo quedar con nadie; la soledad elegida me viste de gala esa mañana. Y los horarios desaparecen absorbidos por el embudo de la rutina que funciona ese día al revés. Es mi estado de ánimo quien marcará la pauta, el que me dejará en la cama remoloneando entre las páginas de un libro si hace frío y viento y lluvia afuera o el que me empujará a la calle, vestida de domingo un martes cualquiera, con ganas de respirar algún aire nuevo en la ciudad. Y comeré por ahí sin acordarme de que tengo una casa a la que volver, o jugaré a ser turista accidental de paso incierto. Quizás me asome al monte con todo mi equipo y con el perro a rastras, llegar lo más arriba posible con el coche y luego andar también lo más posible y cargar las pilas emocionales de aire puro y silencioso; o llegar hasta el último recodo del camino y allí, sin vergüenza ni pudor alguno, gritar desaforadamente lo que me rebulle por dentro.
El jueves marqué en rojo mi pequeña agenda semanal. No publiqué un post en el blog ni contesté al teléfono. El ordenador estuvo apagado todo el día -¡eso sí que es un logro hacia la libertad!-; dormí nueve horas e hice la siesta. Paseé al sol las ganas de mi perro y no entré en ninguna tienda. Leí trescientas páginas de un libro atrapante y vi una película que me hizo pensar. Me regalé una comida deliciosa y no contesté al teléfono que sonó varias veces a lo largo del día siempre desde números desconocidos. El móvil en silencio. Yo en silencio. El mundo silenciado. Veinticuatro horas de tiempo únicamente “mío”.