domingo, 4 de abril de 2010

NERE RONDE.MARKEL




Kaixo lagunok!
Hau idazten dudan bitartean, zapore gazi gozo bat daukat.
Nere lana, Lancekin hasieratik egotea eta haizearengatik babestea zen. Halaxe egin dut, eta bere eskaerak betetzen joan naiz. Halako baten, irratia apurtu zaio, eta kotxera beste baten bila joateko eskatu dit. Irratia jasotzen nuen bitartean, haizearekin moztu da, eta kilometro mordoxka sufritu eta gero sartu naiz taldera eta irratiana konpondu ahal izan dugu.
Gero Sebak, Kwaremount azpian zulatu du, eta gurpila ematera geratu naiz. Bere gurpila aldatu eta talde batera sartu garenean, multzoa apurtuta zegoen.
Behin 40 txirrindulari joanak zirela helburua hurrengo multzoan lasterketa bukatzea zen,baina Koppenberg gainean, Vaitkus zulatu, eta biziketa ahutsi du era berean. Nere bizikleta eman diot, eta zulatuakin egin ditut km batzuk.
Geldi zegoen kotxe bati gurpil bat hartu, eta beste 20 km egin ditut bizikleta matxuratuaz. Aurrerago, bizikleta aldatzea izan dut! Baina bakarrik Tomasena zegoen puntu hartan. 2 talla handiagoa zen bizikletakin beste 35 km egin ditut, baina nere taldetxoan zioazen denak jeitsi dira, eta ezin izan dut bukatu.
Lance aurrean ibili da, eta asko eskertu digu egindako lana, baina pena apur batekin nagoela aitortu behar dut!
Baina, horrela dira lasterketa hauek! Garai hobeak itxaron beharko ditugu!
Besterik gabe, besarkada bero bat.

Markel

¡Ha resucitado el Señor! 4/04 .Juan 20, 1-9.

El día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy de mañana cuando aún era de noche, y vio que la piedra del sepulcro estaba movida. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó.


Reflexión


“¡Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo, y, por la victoria de Rey tan poderoso, que las trompetas anuncien la salvación!”. Con estas palabras inicia el maravilloso pregón pascual que el diácono canta, emocionado, la noche solemne de la Vigilia de la resurrección de Cristo. Y todos los hijos de la Iglesia, diseminados por el mundo, explotan en júbilo incontenible para celebrar el triunfo de su Redentor. ¡Por fin ha llegado la victoria tan anhelada!

En una de las últimas escenas de la película de la Pasión de Cristo, de Mel Gibson, tras la muerte de Jesús en el Calvario, aparece allá abajo, en el abismo, la figura que en todo el film personifica al demonio, con gritos estentóreos, los ojos desencajados de rabia y con todo el cuerpo crispado por el odio y la desesperación. ¡Ha sido definitivamente vencido por la muerte de Cristo! En este sentido es verdad -como proclamaba Nietzsche- “que Dios ha muerto”. Pero ha entregado libre y voluntariamente su vida para redimirnos, y con su muerte nos ha abierto las puertas de una vida nueva y eterna.

Es muy sugerente el modo como Franco Zeffirelli presenta la escena de la resurrección en su película “Jesús de Nazaret”. Los apóstoles Pedro y Juan vienen corriendo al sepulcro, muy de madrugada, y no encuentran el cuerpo del Señor. Luego llegan también dos miembros del Sanedrín para cerciorarse de los hechos, y sólo hallan los lienzos y el sudario, y el sepulcro vacío. Y comenta fríamente uno de ellos: “¡Éste es el inicio!”.

Sí. El verdadero inicio del cristianismo y de la Iglesia. De aquí arrancará la propagación de la fe al mundo entero. Porque la Vida ha vuelto a la vida. Cristo resucitado es la clave de todas nuestras certezas. Como diría Pablo más tarde: “Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana es vuestra fe; aún estáis en vuestros pecados... Pero no. Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicia de los que duermen” (I Cor 15, 14.17.20). En Él toda nuestra vida adquiere un nuevo sentido, un nuevo rumbo, una nueva dimensión: la eterna.

Y, sin embargo, no siempre resulta fácil creer en Cristo resucitado, aunque nos parezca una paradoja. Una de las cosas que más me llaman la atención de los pasajes evangélicos de la Pascua es, precisamente, la gran resistencia de todos los discípulos para creer en la resurrección de su Señor. Nadie da crédito a lo que ven sus ojos: ni las mujeres, ni María Magdalena, ni los apóstoles -a pesar de que se les aparece en diversas ocasiones después de resucitar de entre los muertos-, ni Tomás, ni los discípulos de Emaús. Y nuestro Señor tendrá que echarles en cara su incredulidad y dureza de corazón. El único que parece abrirse a la fe es el apóstol Juan, tal como nos lo narra el Evangelio de hoy.

Pedro y Juan han acudido presurosos al sepulcro, muy de mañana, cuando las mujeres han venido a anunciarles, despavoridas, que no han hallado el cuerpo del Señor. Piensan que alguien lo ha robado y les horroriza la idea. Los discípulos vienen entonces al monumento, y no encuentran nada. Todo como lo han dicho las mujeres. Pero Juan, el predilecto, ya ha comenzado a entrar en el misterio: ve las vendas en el suelo y el sudario enrollado aparte. Y comenta: “Vio y creyó”. Y confiesa ingenuamente su falta de fe y de comprensión de las palabras anunciadas por el Señor: “Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él debía de resucitar de entre los muertos”.

¿Qué fue lo que vio esa mañana? Seguramente la sábana santa en perfectas condiciones, no rota ni rasgada por ninguna parte. Intacta, como la habían dejado en el momento de la sepultura. Sólo que ahora está vacía, como desinflada; como si el cuerpo de Jesús se hubiera desaparecido sin dejar ni rastro. Entendió entonces lo sucedido: ¡había resucitado! Pero Juan vio sólo unos indicios, y con su fe llegó mucho más allá de lo que veían sus sentidos. Con los ojos del cuerpo vio unas vendas, pero con los ojos del alma descubrió al Resucitado; con los ojos corporales vio una materia corruptible, pero con los ojos del espíritu vio al Dios vencedor de la muerte.

Lo que nos enseñan todas las narraciones evangélicas de la Pascua es que, para descubrir y reconocer a Cristo resucitado, ya no basta mirarlo con los mismos ojos de antes. Es preciso entrar en una óptica distinta, en una dimensión nueva: la de la fe. Todos los días que van desde la resurrección hasta la ascensión del Señor al cielo será otro período importantísimo para la vida de los apóstoles. Jesús los enseñará ahora a saber reconocerlo por medio de los signos, por los indicios. Ya no será la evidencia natural, como antes, sino su presencia espiritual la que los guiará. Y así será a partir de ahora su acción en la vida de la Iglesia.

Eso les pasó a los discípulos. Y eso nos ocurre también a nosotros. Al igual que a ellos, Cristo se nos “aparece” constantemente en nuestra vida de todos los días, pero muy difícilmente lo reconocemos. Porque nos falta la visión de la fe. Y hemos de aprender a descubrirlo y a experimentarlo en el fondo de nuestra alma por la fe y el amor.

Y esta experiencia en la fe ha de llevarnos paulatinamente a una transformación interior de nuestro ser a la luz de Cristo resucitado. “El mensaje redentor de Pascua -como nos dice un autor espiritual contemporáneo- no es otra cosa que la purificación total del hombre, la liberación de sus egoísmos, de su sensualidad, de sus complejos; purificación que, aunque implica una fase de limpieza y saneamiento interior -por medio de los sacramentos- sin embargo, se realiza de manera positiva, con dones de plenitud, como es la iluminación del Espíritu, la vitalización del ser por una vida nueva, que desborda gozo y paz, suma de todos los bienes mesiánicos; en una palabra, la presencia del Señor resucitado”.

En efecto, san Pablo lo expresó con incontenible emoción en este texto, que recoge la segunda lectura de este domingo de Pascua: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de allá arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con Él, en gloria” (Col 3, 1-4). ¡Pidamos a Cristo resucitado poder resucitar junto con Él, ya desde ahora!
Autor: P . Sergio Córdova

SAN RICARDO DE CHICHESTER .4 Abril.


Hoy, 3 de abril, conmemoramos a San RICARDO de CHICHESTER, Obispo.

SAN RICARDO DE CHICHESTER (1197-1253) nació en Wych, aldea del condado de Worcester, Inglaterra, hijo de una modesta familia de labradores. Queda huérfano muy joven, y él y sus hermanos se ven obligados a trabajar arduamente para no perder la parcela de terreno que era el patrimonio familiar.

Sin embargo, los libros y el estudio son la pasión de Ricardo. Con grandes sacrificios consigue concluir sus estudios en Oxford, graduándose como bachiller, luego de haber renunciado al matrimonio con una joven rica.

Bajo la guía de los futuros obispos Rich y Grosseteste viaja a París, y luego de una breve estancia prosigue hasta Bolonia, donde estudia Derecho Canónigo ocho años. De regreso en Oxford es nombrado súbitamente Rector de la Universidad, cuando su maestro Rich deja el cargo para convertirse en Arzobispo de Canterbury.

En 1240 acompaña a su maestro en un viaje a Pontigny, Francia, donde éste muere de manera inesperada, habiéndole legado a San Ricardo una pequeña heredad y un hermoso cáliz, con el que a veces se le representa. Permanece en ese país y en Orléans estudia teología dos años con los Dominicos. Finalmente se ordena sacerdote en 1242, a los 45 años de edad.

Los sueños de San Ricardo al volver a Inglaterra eran fungir humildemente como párroco de una pequeña diócesis. Pero lo que le esperaba era convertirse sin él quererlo en una pieza clave de la política de la época.

En contra de la voluntad del rey Enrique III, el papa Inocencio IV lo nombra Obispo de Chichester en 1245. El rey mandó entonces confiscar todos los bienes de la diócesis, y dio órdenes de que se le cerraran todas las puertas en Chichester.

San Ricardo tuvo que ejercer por esa causa un obispado ambulante, realizando oficios humildes y visitando las chozas de los pescadores y a las familias más pobres, viajando casi siempre a pie y desprovisto de todo.

Esto no impidió que cumpliera con las obligaciones de su elevada jerarquía, pues en este período hace celebrar los sínodos, cuyas resoluciones son llamadas «Constituciones de San Ricardo». En ellas son combatidos los abusos más comunes en la época, los cuales él conoció en persona, y a los cuales condena con energía.

Luego de ocho años de obispado, consagrados a defender el derecho frente a los abusos de poder, y siendo amado por su pueblo a causa de su dulzura evangélica y su austeridad, San Ricardo fallece falto de recursos y agotado, en un retiro para sacerdotes pobres llamado “Casa de Dios”.

SAN RICARDO DE CHICHESTER nos enseña el valor de la fortaleza moral para combatir los abusos de los poderosos

sábado, 3 de abril de 2010

RONDE VAN VLANDEEREN.MARKEL


Hola amigos!

Os escribo desde Brujas, donde estoy desde ayer, para entrenar y conocer el nuevo recorrido del Tour de Flandes. Si, has leido bien, el nuevo! Practicamente lo cambian todos los años, simplemente cambiar los tramos de orden, o meter alguna otra carretera. El objetivo? Hacer casi imposible, lo que de por si es muy dificil.

Siempre, que entreno para Flandes o en Roubaix en el recorrido de la carrera, me parecen que son increiblemente dificiles, pero os puedo asegurar, que este año Flandes va a ser mas complicado todavía!
Al viento fuerte que se prevé de costado en los primeros 50kms, hay que añadirle, unos cuantos tramos de pavés en llano ( como los de Roubaix ), y que el Kwaremount ( donde se empieza a hacer la selección ) se adelanta al 150 mas o menos., es decir a mas de 100km de la meta de Ninove.
Si esto fuera poco, ahí siguen, el Pateberg y Kopenberg con sus desniveles superiores al 20 % en pavé! Mas las no se cuantas cotas y paves más, que te dejan el cuerpo hecho puré.

Por todo ello, os podeis hacer haciendo una idea, de lo que supone está carrera. El que gané el domingo ( Que no se apellide Boonen o Cancellara sería una sorpresa! ), será culminado como rey de Flandes por este año, y si te digo la verdad, bien lo merecera.

Hay que decir, que los corredores dificilmente disfrutamos en esta carrera. Todos queremos estar en ella, pero una vez que se acerca, la mayoría esta acojo....

Ya que yo, ire encima de la bici, botando como un muñeco, os propongo un plan para el domingo. Después de aprovechar la mañana, como cada uno lo considere oportuno, una buena comida, en buena compañía, una ligera tertulia, y a las 3,30 al sofa! Con ese pacharan, cafe, capuccino o cerveza en la mano, te sientas, con tus zapatillas de casa, y tu mantita en el sofa, y a disfrutar de uno de los mayores espectaculos que se puede ver en el ciclismo. Para eso estamos, para entretener al público, y hacer que nuestros sponsors vendan más. Si eres, de los que no se ha ido ni a Noja,Ezcaray, Salou o Jaca, y vives en el Pais Vasco, lo podrás ver en etb, sino creo que lo darán en Eurosport.

Si eres de los que le gusta el ciclismo, no te lo pierdas por nada del mundo, el espectaculo ha comenzado, the show must go on!!!

Hasta pronto

Markel

viernes, 2 de abril de 2010

Prisión de Jesús 2/04 .Juan 18, 1-19, 42.

Dicho esto, pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos. Pero también Judas, el que le entregaba, conocía el sitio, porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. Judas, pues, llega allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y fariseos, con linternas, antorchas y armas. Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta: «¿A quién buscáis?» Le contestaron: «A Jesús el Nazareno.» Díceles: «Yo soy.» Judas, el que le entregaba, estaba también con ellos. Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscáis?» Le contestaron: «A Jesús el Nazareno». Respondió Jesús: «Ya os he dicho que yo soy; así que si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.» Así se cumpliría lo que había dicho: «De los que me has dado, no he perdido a ninguno.» Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco. Jesús dijo a Pedro: «Vuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la voy a beber?» Entonces la cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, le ataron y le llevaron primero a casa de Anás, pues era suero de Caifás, el Sumo Sacerdote de aquel año. Caifás era el que aconsejó a los judíos que convenía que muriera un solo hombre por el pueblo. Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era conocido del Sumo Sacerdote y entró con Jesús en el atrio del Sumo Sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del Sumo Sacerdote, habló a la portera e hizo pasar a Pedro. La muchacha portera dice a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?» Dice él: «No lo soy.» Los siervos y los guardias tenían unas brasas encendidas porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos calentándose. El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina


Reflexión


La vida del cristiano es un “via crucis” si se acepta la invitación de Jesús de llevar la propia cruz detrás de Él cada día.

Podemos ser condenados al desprecio, podemos sentir el silencio que hiere y condena nuestra fidelidad cristiana. En nuestro “via crucis” hay también momentos de caída, de fragilidad y de cansancio, pero también nosotros tenemos una Madre (María) que nos acompaña en nuestro caminar como a Jesús.

El camino de la cruz de Cristo y el nuestro son unas vías de salvación y de apostolado, porque hemos sido invitados a colaborar en la salvación de nuestros hermanos. Todos los cristianos somos responsables del destino eterno de quienes nos rodean. Cristo nos enseña con la cruz a salir de nosotros mismos, y a dar así un sentido apostólico a nuestra vida.

Cuando contemplemos el crucifijo, cuando veamos la figura sufriente de Cristo en la cruz, pidamos la gracia de recordar que los dolores de Cristo crucificado son fruto del pecado. Evitemos, y pidamos la fortaleza a Dios para ello, cada una de las ocasiones de pecado que se nos presenten en nuestras vidas.

jueves, 1 de abril de 2010

Lavatorio de los pies 1/04.Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?»
Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.» Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo.» Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.» Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.» Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos.» Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis ´el Maestro´ y ´el Señor´, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros.


Reflexión


Con este pasaje del Evangelio de San Juan quedamos introducidos en la parte central de los acontecimientos más relevantes de nuestra fe. Ya estamos de lleno en ellos. LA ÚLTIMA CENA.

Jesús quiere despedirse de sus seguidores. de sus compañeros, de sus amigos. Otra vez su gran humildad. Su gesto fino y lleno de ternura. Va lavándole los pies a aquellos hombres que lo habían visto ordenar a los vientos y a las olas la quietud en la tormenta, que le habían visto dar la luz a los ojos de los ciegos, hacer andar a los paralíticos, sanar a los leprosos, resucitar a los muertos. Que lo habían visto radiante como el sol en su Transfiguración y ahora, con un amor inconmensurable, con una humildad sin límites les está lavando los pies.

Pedro está asustado, no acierta a comprender, pero ante las palabras de Jesús y con su vehemencia natural, le pide que le lave de los pies a la cabeza. Jesús va más allá, está pensando en la humanidad y en esta humanidad estoy yo y falta poco para que no seamos lavados con agua, sino con su sangre que nos limpia y nos redime.

Jesús, entre los doce están los pies de aquel que te va a traicionar. Y creo que tus manos tuvieron que temblar al lavar los pies de Judas. Acariciaste aquellos pies con amor y con tristeza y nos mandaste hacer eso mismo con nuestros semejantes, sin distinciones de este por que me cae bien o de este no por que me cae mal. ¡Que yo no olvide tu ejemplo y tu mandato, Señor!.

Que a todos los que me rodean en mi cotidiano vivir yo los acepte como son y tenga ante ellos esa postura de amor y de humildad que tú nos pides.

Y nuestra pobre mente no alcanza a comprender todo el profundo significado de este acto. Ya antes de morir te estás anonadando ante los hombres y después otra locura de ese amor que te abrasa el alma, que quema tu corazón por ello no quisiste dejarnos solos y poco después, haces del pan tu Cuerpo y del vino tu Sangre y te quedas para ser nuestro alimento.

Y ahora, presente en esa Hostia donde los ojos del que "se hizo hombre y habitó entre nosotros" nos miran con su infinito amor le podemos decir eso que siempre espera:

Jesús Sacramentado, de rodillas te pedimos: Jesús, enséñame a quererte, como tú me quieres, enséñame a ver tu rostro en el rostro de mis semejantes, enséñame, Jesús a ser buena, a que tú seas el Eje de mi vida, esa vida que hoy pongo en tus manos. Señor, tenme muy cerca de tu corazón y enséñame a acompañarte a Tí y a tu Santísima Madre con mi oración en todos los amargos tormentos de la ya muy cercana muerte de cruz Amén.


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SAN HUGO DE GRENOBLE .1 Abril


Hoy, 1 de abril, conmemoramos a San HUGO de GRENOBLE, Obispo.

SAN HUGO DE GRENOBLE (1053-1132) nació en el seno de una familia noble de Châteauneuf, cerca de Valence, en la actual Francia. Desde niño su madre lo educó para una vida de abnegación, ayuno y oraciones.

Su precocidad se mostró al recibir a corta edad la orden sacerdoticia en la catedral de Valence. En parte por su celo y eficiencia, y en parte por cierta cercanía con quien habría de ser electo Papa Gregorio VII, Hugo es nombrado Obispo y asignado a la difícil diócesis de Grenoble.

A sus 27 años, San Hugo no sólo era demasiado joven para ostentar un cargo de tal dignidad (como opinaban otros e incluso él mismo), sino que tampoco era una labor a la que se sintiera llamado vocacionalmente. Él quiso rechazar el nombramiento, pero el Papa estaba decidido.

En Grenoble San Hugo encuentra un panorama desolador. La simonía, o sea la compra y venta de bienes eclesiásticos, era una cuestión cotidiana; en la ciudad abundaban los usureros, los sacerdotes con concubinas, la ignorancia y la codicia, e imperaba una moral muy baja.

Tras dos años de lucha infructuosa, se da por derrotado y se retira a una abadía benedictina, lo cual acaso, habría sido su verdadero sueño. Sin embargo, después de un par de meses recibe la orden categórica de Gregorio de regresar a Grenoble a cumplir sus obligaciones.

Así lo hace, con humilde obediencia. En 1084, a causa de un sueño revelador, le ofrece a San Bruno, quien había sido su maestro, el sitio ideal para edificar su Gran Cartuja, un importante monasterio.

A la muerte de Gregorio, Hugo intenta renunciar al obispado con cada sucesivo papa. Transcurren seis pontificados más: los de Víctor III, Urbano II, Pascual II, Gelasio II, Calixto II y Honorio II. No obstante, todos ellos lo mantuvieron en su cargo.

Pasaron así 52 años. Para entonces se percibía ya un notable cambio positivo en la vida pública y religiosa de Grenoble, gracias sobre todo a la vida ejemplar de San Hugo.

Todavía le tocó al santo recibir antes de su muerte a otro Papa, Inocencio II, quien tampoco le aceptó la renuncia, pero lo canonizó en 1134, apenas dos años después de haber fallecido.

SAN HUGO DE GRENOBLE nos enseña el valor de la obediencia debida y de la cristiana resignación.